Ganas de llorar, con una sonrisa,
con la vista fija en el fin del mundo,
hablando para los cuellos de la camisa,
con el corazón cansado y moribundo...
Quien más quieres, aun queriéndote, lo pisa.
Parece todo tan absurdo...
Tus rejas invisibles las pone tu princesa,
el fin de tu vida la elige tu pastor,
hablo de un lejano o un cercano amor
al que ya, o todavía, no interesas...
Igual sí y tu mente te tortura.
El agua cae y el mundo sigue su curso,
echando de menos la infancia y su ternura,
y de más el resto de este mundo insulso.
Nada me da igual, de todo tengo dudas,
quizás eso sea lo que me da el impulso
de vivir, de intentar ser feliz, aun pasándolas putas...
La gente me causa estupor...
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